Artículo: Parálisis por análisis.

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¿Habías oído esta expresión: «parálisis por análisis«? Es  inglesa (“the paralysis of analysis”) y alude al bloqueo por pensar en exceso sobre una situación. Esto afecta a millones de personas constantemente, no es un juego.

¿No es bueno darle vueltas a las cosas antes de tomar una decisión? Absolutamente, lo contrario sería imprudencia o falta de interés. Pero ¿te ha pasado alguna vez que sólo le estás dando vueltas a las cosas pero no estás resolviendo nada? Ahí está la clave: cuando nos metemos en bucles de análisis sin que haya acción.

Si pasas más tiempo leyendo que actuando, si sientes que sabes mucho sobre el tema pero que todavía no lo sabes todo, si llevas un tiempo que excede lo razonable dándole vueltas al asunto….. puede que estés en parálisis por análisis. Y es un bucle del que hay que salir para que empiecen a pasar cosas.

Ese estancamiento puede deberse a muchas razones:

– Si eres una persona perfeccionista, puede que nunca veas el momento de parar, de cambiar, quitar, poner o añadir detalles en un trabajo, una presentación.

– Muchas personas tienen miedo a fracasar, hacerlo mal o tomar una mala decisión. Para no tomar decisiones, lo mejor es no resolver nada, así no nos vemos expuestos a las consecuencias negativas.

– A veces las expectativas son tan altas, que es posible que nunca se alcance esa meta y por eso seguimos planificando e ideando.

– Existe cierta tendencia generalizada a la procastinación, y esta es una forma de hacerlo, pero aparentemente estamos “pensando sobre el tema”, con lo que nos sentimos menos culpables.

– Las personas indecisas suelen quedarse ancladas imaginando todos los escenarios posibles y sus consecuencias pero no toman decisiones porque ¿y si lo otro es mejor que lo que elijo?

– También puede suceder que haya demasiadas opciones para elegir: si no hay opciones, no hay mucho que analizar.

Este último punto es muy interesante para analizar. Según Barry Schwartz, un psicólogo americano, el exceso de opciones para escoger hace infeliz a la gente. Postula que si no hay opciones para elegir y el resultado es malo, el responsable de ese resultado es el mundo. Pero si hay muchas opciones y elegimos nosotros, si el resultado es negativo seremos los responsables por no haber hecho la mejor de las elecciones posibles. El exceso de análisis puede conllevar un exceso de información y cada vez nos resulta más difícil tomar una decisión.

Volvamos a la parálisis. ¿Qué pasa cuando analizamos tanto que no nos movemos? Pues que esa falta de acción o de decisión hace que las cosas no cambien, nos mantenemos en el mundo de las ideas y los deseos, no hay progreso y eso nos puede traer problemas a largo plazo. Podemos perder oportunidades, ser ineficaces, nos mantenemos en una zona de confort donde nunca cambia nada, soñando desde la barrera cómo podrían ser las cosas, recreándonos en todos los detalles imaginables, pero sin materializarlo jamás.

El análisis de las situaciones y la previsión de problemas no es un conflicto si llegamos a alguna conclusión y tomamos decisiones. Pero el esfuerzo y tiempo que se consume pensando de más, puede ser en vano y significar que las cosas nunca sucedan.

Porque, sinceramente, después de haber gastado tanto en analizar y pensar, el coste de tomar una decisión es tan elevado que puede no compensar el beneficio de tomar la decisión, sea cual sea ésta. El gasto energético que emplea la cabeza es gigantesco, merma tu voluntad y debilita tu disciplina por agotamiento, de manera que tu rendimiento, productividad o creatividad pueden verse mermados, con lo que se ha creado una reacción en cadena que nos afecta por completo. Así de complicados somos.

Existe un término acuñado en los años 50: “Satisficing” (cruce de “satisfy” y “suffice”, o sea, “satisfactorio” y “suficiente”) que alude a un comportamiento típico humano: como no podemos saber cuál es la solución perfecta, tras una reflexión elegimos la primera opción razonable. Y hacemos eso porque nuestra cabeza no puede saber cuál será la solución perfecta, tampoco podemos saber con seguridad las consecuencias o los resultados de cada posibilidad y nuestra capacidad de memoria es limitada. Es una manera de optimizar la toma de decisiones: la mayoría de los problemas quedan resueltos con un enfoque “satisfaciente” o suficientemente satisfactorio.

A nadie le gusta equivocarse, pero tampoco podemos tener tantas expectativas que sean irreales, o tanto miedo al fracaso, que nos paralice en un bucle del que no salimos.

Las recomendaciones son que limites la cantidad de información que consumes y el tiempo que dedicas a tomar cada decisión. Piensa que no estás tomando una gran decisión si no muchas pequeñas, una tras otra, y puedes ir ajustando sobre la marcha y a la luz de los resultados de cada decisión. Puede que no se pueda ver la solución perfecta desde el principio y que tengas que empezar a andar el camino, con pequeñas decisiones, para verla. Enfócate en la ejecución no en la decisión. Y sobre todo: actúa, que es lo opuesto a la parálisis.

 

¿Tienes algún tema en el que sospeches parálisis por análisis?

¿Qué te está frenando a la hora de tomar decisiones?

¿Te estás enfocando en la decisión o en la ejecución?

¿Qué pequeño paso puedes dar para salir del bucle?

¿Qué fecha tope te pondrías para tomar una decisión?

¿Cuánto llevas dándole vueltas a ese tema?

 

Nuria Velasco

Coach Transpersonal y Lectora de Registros Akáshicos

www.tulibrodelavida.com

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